ORO PARECE PLATA-NO ES...

 Muy buenas! Ya estamos de vuelta!

Cuando en nuestra vista tenemos que tomar una decisión entre distintas opciones, no siempre es fácil. Nos surgen muchas preguntas y el miedo a equivocarnos nos hace pensar mucho la decisión. Esto mismo ocurre en la bioquímica clínica. Si tenemos una patología o enfermedad que queremos detectar por medio de una prueba diagnóstica, tendremos que elegir CUÁL de ellas es la mejor para poder detectar la enfermedad, es decir: la más válida. Sin embargo, no vamos a estar solos a la hora de tomar la decisión sino que una serie de herramientas nos van a ayudar a decidir.

Para ver cómo de importante es la toma de decisión, vamos a ver dos ejemplos de pruebas diagnósticas para diagnosticar SIDA. Vamos con el primero!

En este primer caso, se nos presenta la siguiente tabla con cuatro pruebas diagnósticas y la sensibilidad y especificidad de cada una de ellas:


 La pregunta es: ¿Qué prueba es la mejor para detectar el SIDA?


Para responder esta pregunta tenemos que tener en cuenta de qué tipo de enfermedad se trata y si debemos priorizar la especificidad, la sensibilidad o ambas. Para ello, vamos a ver primero los tres tipos en los que se clasifican las enfermedades:

  • Enfermedades de tipo I: son aquellas en las que el problema más grave sería detectar un falso negativo. Por ejemplo, una enfermedad grave que no se puede dejar sin tratar sería un ejemplo de ello, ya que al dar falso negativo estaríamos perjudicando gravemente al paciente enfermo al no tratarle. Para este tipo de enfermedades, se busca que la sensibilidad sea la mayor posible para que todos los enfermos sean detectados como positivo (VP).
  • Enfermedades tipo II: en éstas, el problema más grave es detectar un falso positivo. Por ejemplo, una enfermedad cuyo tratamiento sea perjudicial para la persona. Si detectamos a un paciente sano como enfermo (FP) y le tratamos contra su hipotética en la enfermedad, le estaremos causando daño sin necesidad. Por ello, para este tipo de enfermedades se prioriza una alta especificidad para que todos los sanos se detecten como ello.
  • Enfermedades tipo III: en este último grupo es tan perjudicial los falsos positivos como los falsos negativos. Por ello, para este tipo de enfermedades se necesita tanto una alta sensibilidad como especificidad. En este último caso se encuentra el SIDA.

Por lo tanto, de la tabla que hemos visto anteriormente de pruebas diagnósticas tendremos que elegir la que tenga una mayor sensibilidad y especificidad para el SIDA, ya que se trata de una enfermedad de tipo III. Por ello, nos quedaríamos y utilizaríamos la prueba diagnóstica D.

 

Vamos ahora con el segundo ejemplo!

De nuevo debemos elegir entre tres métodos diagnósticos para detectar el SIDA. En este caso, no se nos da directamente la sensibilidad y especificidad de cada prueba, pero sí la curva ROC de cada prueba. Como sabemos, y de paso recuerdo, la curva ROC es la representación gráfica que nos relaciona la sensibilidad y la especificidad. Vamos a ver la gráfica:

Como sabemos, esta curva ROC nos ayuda a comparar la validez de distintas pruebas diagnósticas. Para ello, debemos observar el area que hay enterrada bajo la curva para cada prueba. Una mayor area enterrada bajo la curva significará una mayor capacidad de resolución de la prueba diagnóstica. Los valores oscilarán entre 1 (prueba perfecta) y 0.5 (prueba sin valor).

Por lo tanto, analizando esta gráfica vemos que la curva que tiene ,mayor area bajo ella es la correspondiente a la prueba diagnóstica nº C. En conclusión, ésta será la mejor prueba diagnóstica

 

Así nos despedimos el día de hoy en el que hemos aprendido cómo tomar la mejor decisión a la hora de qué prueba diagnóstica elegir, concretamente para el SIDA. Pero, lo estudiado también lo podemos aplicar a otras enfermedades. Un cordial saludo y recargad las pilas rápido que enseguida estamos de vuelta!

 



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